Logo Alejandro Cabeza
RESERVA

Trauma y defensas: del narcisismo a la sumisión

Cuando vivimos un evento traumático, la mente desarrolla defensas para protegernos del dolor. No son un defecto: son la forma que encontró el psiquismo de sobrevivir. El problema es que esas defensas, útiles en su momento, pueden quedarse fijadas y condicionar cómo nos relacionamos durante años.

Dos extremos de una misma herida

Las defensas tras un trauma pueden ir desde una personalidad dominante y narcisista hasta la sumisión. Parecen opuestas, pero a menudo nacen del mismo lugar: el miedo a volver a sentirse vulnerable o no valioso. Quien se protege controlando y minimizando a los demás, y quien se protege anulándose para no molestar, comparten una raíz: aprendieron que mostrarse tal cual eran no era seguro.

Cómo se ven estas defensas en el día a día

La pregunta clave: ¿tus necesidades son vistas?

Más allá de etiquetas, conviene observar algo muy concreto en cualquier relación: ¿tus necesidades son vistas y tenidas en cuenta? Si convives con una pareja narcisista, o si eres tú quien tiende a anularse, ese desequilibrio pasa factura a la autoestima y al bienestar. Reconocerlo no es culpabilizar a nadie: es el primer paso para poder cambiarlo —algo muy ligado al tipo de apego con el que aprendimos a vincularnos.

Cómo ayuda la terapia

Las defensas no se combaten a la fuerza: se comprenden y se transforman. En terapia individual trabajamos para entender de qué te protegieron y qué necesitas hoy para no depender de ellas. Cuando hay un trauma en la base, la terapia EMDR —avalada por la OMS— ayuda a procesar el recuerdo y a reducir su carga emocional, de modo que dejes de reaccionar desde la herida y empieces a relacionarte desde un lugar más libre y seguro.

¿Te reconoces en alguna de estas defensas?

Reserva una primera sesión y empecemos a trabajarlo juntos.

Reserva tu cita