Prevención del suicidio
Cuando el dolor se hace tan grande que aparece la idea de dejar de existir, no estás fallando ni eres débil: estás sufriendo, y ese sufrimiento se puede acompañar y aliviar. No estás solo.
Pedir ayuda es un acto de valentía. Aquí estoy para acompañarte —a ti, o a quien quieres y te preocupa— en un espacio seguro y sin juicios.
Si necesitas ayuda ahora
Si tienes pensamientos de hacerte daño o estás en una crisis, no esperes. Estas líneas son gratuitas, confidenciales y están disponibles las 24 horas:
A quién acompaño
A ti, si lo estás pensando
Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de no querer seguir, trabajamos para que recuperes seguridad y para que ese dolor deje de tener la última palabra.
A quien ha perdido a alguien
El duelo por suicidio (ser «superviviente») es de los más difíciles, lleno de culpa y preguntas. Te acompaño a atravesarlo sin juicios.
A familiares y allegados
Si te preocupa alguien cercano, te ayudo a entender qué ocurre, cómo hablarlo y cómo acompañar sin agotarte.
Señales a las que prestar atención
No siempre se ven, pero algunas señales invitan a preguntar y a acompañar de cerca:
- ✓ Hablar de querer morir, de ser una carga o de que «todo estaría mejor sin mí».
- ✓ Una desesperanza intensa: sentir que nada va a cambiar.
- ✓ Aislarse, despedirse o regalar cosas importantes.
- ✓ Cambios bruscos de ánimo, sueño o consumo de alcohol/sustancias.
- ✓ Una calma repentina tras un periodo muy malo.
Si reconoces esto en ti o en alguien, preguntar con cariño no hace daño: alivia. Y si el riesgo es inmediato, llama al 024 o al 112.
Dejar atrás algunos mitos
«Hablarlo da ideas.»
Falso. Preguntar con respeto reduce el aislamiento y alivia; no aumenta el riesgo.
«Quien lo dice no lo hace.»
Falso. La mayoría de personas dan algún aviso. Tomar en serio lo que se expresa salva vidas.
«Es por llamar la atención.»
Falso. Es una señal de un sufrimiento real que merece ser atendido, no minimizado.
«No hay nada que hacer.»
Falso. La conducta suicida casi siempre es ambivalente y temporal: con apoyo, se puede salir.
Cómo ayuda la terapia
En terapia el objetivo inmediato es la seguridad: recuperar suelo, bajar la activación y construir, juntos, un plan para los momentos más difíciles. Desde ahí, miramos qué hay debajo de ese dolor.
Cuando hay experiencias o heridas que siguen pesando, trabajo con un enfoque centrado en el trauma y el apego —incluida la terapia EMDR— para que esa carga deje de empujarte. Y si lo que vives es un momento de crisis, lo abordamos paso a paso.
No prometo que el dolor desaparezca de golpe, pero sí acompañarte para que vuelva a haber sitio para ti. Aquí estoy.
Hablar es el primer paso
Escríbeme y buscamos una primera cita. Y si es urgente ahora mismo, llama al 024 o al 112.